bacon

Estoy seco de persona.


En mí no sé qué habla,

No sé qué primitivo eco persiste.


Desconozco la semántica de mi esqueleto,

La ortografía de mi vida.


Desconozco por qué habito

Esta cáscara de grafito y humo;


Crecí enfermo.

Nací y crecí en la oscuridad de Dios,

Sin orden,

Sin arterias que pudieran decirme:

Somos de este hombre

Y en él concebimos nuestro propio rojo,

En él amamos la injuria

Que domina su sangre…


Crecí viendo lo irrepetible,

Viendo sombras y relámpagos,

Viendo el vacío de lo fijo,

El lleno de lo diverso.


Vi los puntos cardinales

Que definen la unidad del hombre,

Vi una columna de signos

Que marchaban y se desvanecían callados.

Vi el corazón repetido de Jesús,

Vi la vida palpitante entre ajenos nombres,

Vi el dolor que transita en calma entre cristales,

Vi el dolor que grita para dejar ecos infinitos.


Oí una cicatriz cerrando en la cabeza de un sordo,

Escuché los hilos que usa la vida

Para soldar llagas que hace la propia vida.

Oí el dolor que no dolía,

Y oí mi propia memoria

Mientras tocaba el abismo de mi muerte.


Olí la humedad que hace un ojo vacío,

Olí cavidades cuyos perfumes en la memoria

Son inseparables de sus quicios.

Olí mi muerte

Y no era dulce como decían.

Olí las hierbas y los campos

Y corté en dos la vida

Para contaminar el aire

Y así distinguir al olor y a la conciencia.

Y no confundirme en su mar nauseabundo.


Toqué un desierto flotante entre sorbos,

Toqué el amor inscripto

En el reposo de un cadáver

Y toqué las llagas que forman

Las sustancias del recuerdo.

Toqué el sueño de un moribundo

Y lo solté aterrado,

Toqué la vigía de un niño

Pero sentí haber roto un frágil sueño.

Toqué la música que hacen los jardines,

Y toqué la ausencia que es

Blanca como la cal sobre los ojos.

Toqué con la ansiedad del taxidermista

Porque sentí que la vida era algo más

Que esta repetición de escenas…


Estoy seco de mí:


Navego en el mar andrógino

Sobre agudas olas generadas por máquinas,

En suaves espumas de almas híbridas.

En confusión, en tránsito, en polución,

En arenas, en camaleones, en fronteras,

En fusiocon, ne trántosi, en copulión,

En sanera, ne leonescama, en trónferas…


¿De qué intentan formarme,

de qué materia han de marcarme cicatrices,

de qué color dotarán a mi universo cóncavo?


¿Con qué palabras ondearán

mi frágil lengua mecánica?


¿ A dónde voy o me llevan,

a dónde empuja tanto ruido?


Apenas pienso soy otro.

Hablo y habito otro que fui.


¿Quién habla en boca de quién, hombre?

¿Quién jala, desde su sueño,

este hilo que sostiene la vida…?


No hay predicador.

No hay un cuadro fijo

del pensamiento.





* Imagen: Bacon Francis, 3 etudes pour le portrait de Lucian Freud 1965.